Visita de Francisco Guerrero a la iglesia del Santo Sepulcro (1588)

Ruiz Jiménez, Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988

Resumen

En 1588, a la edad de 60 años, Francisco Guerrero vio cumplir uno de sus sueños: viajar a Tierra Santa para visitar los santos lugares. Tras su regreso, en 1590, publica Viaje de Jerusalén (Valencia, Joan Navarro), un relato de su peregrinación escrito con una prosa sencilla que sigue los cánones del género jerosolimitano. En este evento se dará cuenta de los elementos sónicos más destacados reseñados por el compositor en su narración de los cuatro días que se prolongó su estancia en el interior de la iglesia del Santo Sepulcro de la ciudad de Jerusalén.

Palabras clave

misa , procesión , maitines , himno , oficio divino , antífona , cartografiando Francisco Guerrero , Francisco Guerrero (compositor, maestro de capilla) , clerecía , sacerdote ortodoxo georgiano , sacerdote ortodoxo jacobita , sacerdote ortodoxo griego , sacerdote ortodoxo armenio , sacerdote ortodoxo etíope , sacerdote maronita


En 1588, a la edad de 60 años, Francisco Guerrero vio cumplir uno de sus sueños: viajar a Tierra Santa para visitar los santos lugares. Su largo periplo duraría cinco meses (entre el 14 de agosto de 1588 y el 19 de enero de 1589): “Hay de Sevilla hasta Jerusalem mil y cuatrocientas leguas de ida y, por la vuelta que hice por la ciudad de Damasco, hallo que de ida y vuelta son tres mil leguas”. Tras su regreso, en 1590, publica Viaje de Jerusalén (Valencia, Joan Navarro), un relato de su peregrinación escrito con una prosa sencilla que sigue los cánones del género jerosolimitano. En España fue un gran éxito editorial, reeditándose al menos en 22 ocasiones hasta finales del siglo XVII, más cuatro ediciones en el siglo XVIII y dos en el siglo XIX, a las que pueden añadirse otras dos ediciones portuguesas.

En este evento, presentaré la narración que Guerrero hace de su visita a la iglesia del Calvario y Santo Sepulcro, punto culminante de la peregrinación, el cual se encuentra al final del libro. En el capítulo 3º, el compositor ya anticipa:

“Es de saber que para todos los sanctuarios que se andan en toda la Tierra Santa lo primero que se hace es decir un himno y antiphona y verso y oración, que para todo se lleva libro desto”.

Las referencias musicales que Guerrero hace en su libro son, desafortunadamente, muy escasas y, en general, como la anterior, poco precisas.

La iglesia del santo Sepulcro y Calvario estaba siempre cerrada, por lo que se tenía que concertar su visita con el gobernador de la ciudad. Guerrero entró en ella un jueves por la tarde, en compañía de otros seis peregrinos. En la puerta, estaban el gobernador con un escribano y el portero; acudieron también el guardián, otros frailes [franciscanos] y un cristiano del convento, llamado Ana, que hizo de intérprete. Guerrero mintió en su nombre, diciendo llamarse Alberto: “porque pareciese nombre tudesco y no español, que es cosa peligrosa que sepan que somos españoles, porque piensan que somos espías, y nos toman por esclavos, y con hablar italiano los aseguramos de esta sospecha”. Para su visita tuvo que pagar una considerable cantidad de dinero, nueve cequíes de oro equivalentes a 135 reales (4.590 maravedís).

Guerrero, en el capítulo 7º, va describiendo minuciosamente todo el lugar, donde dice “no puede estar la vista un momento ociosa”. Comenta que en Jerusalén hay cristianos:

“Latinos, jacobitas, griegos, abisinos, armenios, surianos, gorgios, maronitas. De cada una de estas naciones hay dos o tres religiosos repartidos por las capillas de esta santa iglesia, los cuales dicen el oficio divino cada uno a su modo y lengua”.

De esta cita, puede inferirse el misceláneo paisaje sonoro de este laberíntico complejo sacro cuando en él celebraban las distintas facciones cristianas sus variadas liturgias, las cuales se fusionarían, en mayor o menor grado, creando un cierto grado de confusión y disonancia. La estancia de los frailes franciscanos era la mejor, ya que tenía refectorio y dormitorio para alojar a treinta personas. Los peregrinos pasaban en ella varios días, comiendo y durmiendo; en el caso de Guerrero y sus compañeros, estuvieron allí alojados cuatro días. Una vez dentro, podían visitarse los distintos “santuarios” a cualquier hora, ya que eran comunes y estaban abiertos permanentemente, tanto de día como de noche, iluminados con gran cantidad de lámparas. Guerrero relata con todo lujo de detalles el itinerario “procesional” que hicieron en su interior, el cual recorrió en diversas ocasiones durante esos cuatro días de su estancia en esta iglesia. En las distintas estaciones, su educada voz de contralto destacaría en la interpretación de los cánticos litúrgicos y devocionales, así como durante el servicio de la misa de la Resurrección que tuvo la oportunidad de celebrar en la iglesia del Santo Sepulcro:

“Comenzamos nuestra procesión peregrinos y frailes en esta santa iglesia, con velas encendidas, cantando el himno y antífona del santuario que vamos a visitar, y llegando el que va vestido de preste nos dice el misterio que allí pasó, con la indulgencia que se gana.

Fue la primera estación una capilla que se dice la cárcel de nuestro Salvador, en la cual estuvo en tanto que los judíos esperaban que la cruz y el lugar donde ponerla fuese aparejado.

Pasando más adelante visitamos una capilla en la cual los soldados que prendieron a Cristo echaron suertes sobre sus vestiduras.

Pasamos más adelante, entramos por una puerta, y bajando treinta escalones, llegamos a la capilla de santa Helena, madre del emperador Constantino, donde está una silla de piedra junto a un altar en que ella se sentaba mientras iban cavando más abajo buscando la cruz.

Aquí en esta silla de santa Helena hay muchas indulgencias. Bajamos otros once o doce escalones, los cuales son de la misma peña del monte Calvario donde santa Helena halló la cruz de Cristo nuestro Salvador, y el título y clavos, y las demás cruces de los ladrones; llámanse estas capilla la Invención de la Cruz. Están muy bien fabricadas y muy espaciosas, aunque están debajo de tierra que corresponde al Calvario.

Salidos de esta capilla, visitamos otra donde está un pedazo de una columna donde Cristo estuvo asentado cuando los ministros de Pilato, después de haberle azotado, le coronaron de espinas. De aquí fuimos a visitar el sagrado monte Calvario; subimos a él por diecinueve escalones, que parece que entramos al cielo. Estando en lo alto, vimos una capilla que son dos estancias a modo de tribuna, que corresponde a la primera nave de la iglesia. En la primera es el lugar sacratísimo donde fue el hijo de Dios ensalzado en la cruz. En este lugar está el agujero donde estuvo la Santa Cruz fijada; tiene un brocal de plata, y poniendo en él los ojos y boca, lo adoramos y besamos como santuario tan admirable. Dentro de este precioso agujero pusimos los brazos desnudos; tendrá de hondura como tres palmos. A los lados están señalados los lugares de las cruces de los ladrones, que me parece que tocaban una cruz con otra. Hay entre la cruz de Cristo y el mal ladrón un abertura en la peña de siete palmos en largo, y más de uno en ancho, que llega a lo bajo de la Invención de la cruz; ésta se hizo cuando Cristo nuestro Redentor expiró. En la otra parte de la capilla, a tres pasos, es el lugar donde Cristo fue enclavado, estando la cruz en el suelo, y de allí le levantaron y pusieron en el lugar que está dicho. Hay una señal de muchas labores de jaspe y mármol donde pasó este misterio. Esta capilla que se dice de la Crucifixión, y la parte donde fue levantado, toda está cubierta de hermosísimo mármol y jaspe de muchas labores, y el techo todo es de mosaico, donde están colgadas más de cincuenta lámparas de todas las naciones cristianas. Decimos misa en la parte de la Crucifixión, que se divide con una cortina del lugar do estuvo fijada la cruz. Dijímosla el viernes siguiente del día que entramos; fue de la Pasión según san Juan. No se puede decir la grande devoción que allí se halla, considerando que todo lo que en el Evangelio decimos, se obró en aquel santísimo lugar.

La parte donde nuestro Redentor fue enclavado está a cargo de los frailes franciscos. La parte do estuvo crucificado está al de los frailes que se llaman gorgianos; estos son en extremo devotísimos, que no se quitan de este sagrado lugar, rezando y cantando; son santísimos varones de gran abstinencia y pobreza. Esta estancia del sacro monte Calvario es tan agradable y devota para el alma y el cuerpo, que no cansa estar en ella, que parece que estamos en el Paraíso.

Muy bien parecían aquí cantando algunos discretos músicos las lamentaciones de Jeremías, mirando y considerando el Calvario y santo Sepulcro, porque ambas cosas se pueden ver juntas.

Bajando de este sacro lugar, llegamos al medio de la nave primera que ya hemos dicho, a una losa grande pegada en el suelo, cercada de una reja de hierro de un palmo en alto, y encima están colgadas ocho, o nueve lámparas de todas las naciones. Este lugar es donde Cristo nuestro Redentor fue ungido para sepultarle por sus devotos siervos Nicodemo y José de Arimatea, en presencia de la Virgen nuestra Señora y de las demás santas mujeres, y de su amado discípulo san Juan. Este santo lugar está enfrente de la puerta de la iglesia, y por la ventana que en ella hay se ve, y los de fuera hacen oración, y ganan las indulgencias que en ella hay.

De aquí al santo Sepulcro habrá como cuarenta pasos hacia el poniente dentro de esta santa iglesia. Esta inestimable reliquia tienen a cargo nuestros frailes, y solos los latinos decimos en él misa. La forma del santo Sepulcro es ésta: Antes de la entrada hay una capilla pequeña cuadrada, donde cabrán diez o doce personas, y en medio de ella está una piedra de dos palmos en alto, y otros dos de grueso. En esta piedra se dice que el ángel estaba sentado cuando hablo a las Marías, diciéndoles como ya era resucitado nuestro Salvador. Por esta capilla se entra a otra tan pequeña que la puerta será de cuatro palmos en alto y tres de ancho. A la mano derecha está el santo Sepulcro de nuestro Salvador, donde estuvo su santísimo cuerpo y adonde resucitó. Es un altar como un arca, cubierto con una losa de mármol. Sobre este preciosísimo Sepulcro decimos misa, y no cabe más del sacerdote y el que ayuda. El vacío nadie lo ve, empero lo de encima todos lo gozan y tratan con sus manos, y boca, y ojos.

Encima de este santísimo Sepulcro arden muchas lámparas de todas las naciones. Aquí dije misa por la misericordia de Dios, y el oficio de ella fue de la Resurrección, que fue de grande alegría para mí cuando decía en el Evangelio Surrexit non est hic, ecce locus, ubi possuerunt eum. Señalando con el dedo el lugar donde estuvo nuestro Salvador. Ciertamente digo que mueve grandemente esta representación tan verdadera.

Esta capilla del santo Sepulcro, aunque es por de dentro cuadrada, por de fuera es redonda, cubiertas las paredes de mármol.

Encima está un capitel de columnas muy bien labrado, que hace por de fuera muy buena vista; está en medio de un circuito de grandes columnas sin tocar a ninguna parte. El cimborrio de la iglesia que le corresponde es una media naranja de madera de cedro muy antigua. Y en medio hay una grande abertura como corona, por donde entra la lumbre a todo lo bajo. A la una parte de lo alto está el retrato de santa Helena, y de la otra el del Emperador Constantino su hijo, de rico mosaico muy antiguo, y otras figuras de Santos, que casi no se parecen de muy mal tratadas de la antigüedad del tiempo.

Salidos de este santísimo lugar, como diez pasos a mano siniestra, están dos piedras redondas de mármol en el suelo, la una apartada de la otra como tres pasos; en la una estuvo Cristo nuestro Redentor después de resucitado, y en la

otra María Magdalena cuando le apareció en figura de hortelano y le dijo Noli me tangere. De allí nos entramos en la capilla y coro de nuestros frailes franciscos, la cual dicen que es donde nuestro Redentor, después de resucitado, apareció a su santísima madre. A la entrada de esta capilla está en la pared, dentro de una reja que podemos llegar los dedos, un pedazo de la columna en que Cristo fue azotado. Con esta estación acabamos lo de esta santísima iglesia. Y en los cuatro días y noches que allí estuvimos encerrados reiteramos muchas veces estas estaciones a solas y en procesión. A la media noche es gran contento oír a todas estas naciones decir maitines, y a cada uno en su lengua y canto”.

Fuente:

Guerrero, Francisco. Viaje de Jerusalen. Madrid: María Quiñones, 1644, fols. 36v-44v.

Bibliografía:

Asenjo Sedano, Julio. “En torno al Viaje de Jerusalén de Francisco Guerrero”. En Maravillas, peregrinaciones y utopías. Literatura de viajes en el mundo románico, editado por Rafael Beltrán. Valencia: Universidad de Valencia, 2002, 113-50.

Creado: 08 Oct 2019
Modificado: 27 Abr 2020
Referenciar: Ruiz Jiménez, Juan. "Visita de Francisco Guerrero a la iglesia del Santo Sepulcro (1588)", Paisajes Sonoros Históricos, 2019. ISSN: 2603-686X. http://historicalsoundscapes.com/evento/1029/jerusalen.
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Iglesia del Santo Sepulcro

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Iglesia del Santo Sepulcro (información adicional)

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Plano de la iglesia del Santo Sepulcro. Alain Manesson Mallet (1683)

Plano de la iglesia del Santo Sepulcro. Alain Manesson Mallet (1683)

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El viaje de Jerusalén. Francisco Guerrero

El viaje de Jerusalén. Francisco Guerrero

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El viaje de Jerusalén. Francisco Guerrero (audiolibro)

Vexilla regis. Francisco Guerrero

Procesión de la Iglesia Armenia en la iglesia del Santo Sepulcro de Jesrusalén