Música popular en calles y tabernas

Ruiz Jiménez, Juan
Real Academia de Bellas Artes de Granada
0000-0001-8347-0988

Resumen

Miguel de Cervantes, en El Celoso extremeño, se convierte en testigo literario de la afición musical de la minoría étnica negra hispalense. En esta obra, nos ofrece un valioso testimonio de su presencia en la calle, en tabernas y bailes populares en los que podrían obtener pequeñas remuneraciones cantando y tañendo las tonadas de moda. 

Palabras clave

canciones populares , bailes populares , guitarrista , Miguel de Cervantes Saavedra (escritor)


Miguel de Cervantes, que al igual que Lope de Vega conocía muy bien Sevilla, ya que también había residido en ella durante varios años, ambienta su novela ejemplar El celoso extremeño en esta ciudad. En esta obra, es la música, en manos de un Orfeo venido a menos, Loaysa, la que tiene el poder de atravesar puertas y quebrar voluntades. Nos acerca a una música popular que no conoce las fronteras de la sociedad estamental, ni de la exclusividad de la calle o los recintos cerrados a los que es igualmente permeable. Para acceder a su objeto de deseo, Loaysa engatusará al inocente negro Luis, que sirve en la casa del rico hidalgo Filipo de Carrizales, aprovechándose de su afición a la música y de su deseo de aprender a tocar la guitarra:

“-Yo -respondió Loaysa-... enseño a tañer a algunos morenos y a otra gente pobre; y ya tengo tres negros, esclavos de tres veinticuatros, a quien he enseñado de modo que pueden cantar y tañer en cualquier baile y en cualquier taberna, y me lo han pagado muy rebién. -Harto mejor os lo pagara yo -dijo Luis- a tener lugar de tomar lición... -¡Por Dios!, Luis -replicó Loaysa, que ya sabía el nombre del negro-, que si vos diésedes traza a que yo entrase algunas noches a daros lición, en menos de quince días os sacaría tan diestro en la guitarra, que pudiésedes tañer sin vergüenza alguna en cualquiera esquina; porque os hago saber que tengo grandísima gracia en el enseñar, y más, que he oído decir que vos tenéis muy buena habilidad; y, a lo que siento y puedo juzgar por el órgano de la voz, que es atiplada, debéis de cantar muy bien. -No canto mal -respondió el negro-; pero, ¿qué aprovecha?, pues no sé tonada alguna, si no es la de La Estrella de Venus y la de Por un verde prado, y aquélla que ahora se usa que dice:

A los hierros de una reja
la turbada mano asida...

-Todas ésas son aire -dijo Loaysa- para las que yo os podría enseñar, porque sé todas las del moro Abindarráez, con las de su dama Jarifa, y todas las que se cantan de la historia del gran sofí Tomunibeyo, con las de la zarabanda a lo divino, que son tales, que hacen pasmar a los mismos portugueses; y esto enseño con tales modos y con tanta facilidad. y enseñaros mejor que al Preste Juan de las Indias, porque veo ser gran lástima que se pierda una tal voz como la vuestra, faltándole el arrimo de la guitarra; que quiero que sepáis, hermano Luis, que la mejor voz del mundo pierde de sus quilates cuando no se acompaña con el instrumento, ora sea de guitarra o clavicímbano, de órganos o de arpa; pero el que más a vuestra voz le conviene es el instrumento de la guitarra, por ser el más mañero y menos costoso de los instrumentos que, aunque no os deis priesa a aprender, apenas habréis comido tres o cuatro moyos de sal, cuando ya os veáis músico corriente y moliente en todo género de guitarra... Encendió luego Luis un torzal de cera y, sin más aguardar, sacó su guitarra Loaysa; y, tocándola baja y suavemente, suspendió al pobre negro de manera que estaba fuera de sí escuchándole. Habiendo tocado un poco, sacó de nuevo colación y diola a su discípulo; y, aunque con dulce, bebió con tan buen talante de la bota, que le dejó más fuera de sentido que la música. Pasado esto, ordenó que luego tomase lición Luis, y, como el pobre negro tenía cuatro dedos de vino sobre los sesos, no acertaba traste; y, con todo eso, le hizo creer Loaysa que ya sabía por lo menos dos tonadas; y era lo bueno que el negro se lo creía, y en toda la noche no hizo otra cosa que tañer con la guitarra destemplada y sin las cuerdas necesarias”.

Cervantes se convierte en otro de los testigos literarios de la afición que la minoría étnica negra sevillana tenía a cantar y tañer instrumentos. En esta obra nos ofrece un valioso testimonio de su presencia en la calle, en tabernas y bailes populares en los que podrían obtener pequeñas remuneraciones cantando y tañendo las tonadas de moda. Entre las que cita, algunas han podido ser identificadas, por ejemplo La estrella de Venus que hace alusión a un romance morisco de Lope de Vega que gozó de gran popularidad durante la primera mital del siglo XVII.

Fuente:

Cervantes, Miguel de. El celoso extremeño. Novelas ejemplares. Madrid, Juan de la Cuesta, 1613.

Bibliografía:

Querol Gavaldá, Miguel. La música en la obra de Cervantes. Alcalá de Henares, Ediciones del Centro de Estudios Cervantinos, 2005, 95-97.

Creado: 12 Jul 2015
Modificado: 31 Dic 2021
Referenciar: Ruiz Jiménez, Juan. "Música popular en calles y tabernas", Paisajes Sonoros Históricos, 2015. ISSN: 2603-686X. http://historicalsoundscapes.com/evento/281/sevilla.


Recursos
Carro del Aire. Máscara de la Fabrica de Tabacos con motivo de la exaltación al trono de Fernando VI (detalle). Domingo Martínez (1748-1749). Museo de Bellas Artes de Sevilla

Carro del Aire. Máscara de la Fabrica de Tabacos con motivo de la exaltación al trono de Fernando VI (detalle). Domingo Martínez (1748-1749). Museo de Bellas Artes de Sevilla

El celoso extremeño en Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes (Madrid, Juan de la Cuesta, 1613)

El celoso extremeño en Novelas ejemplares. Miguel de Cervantes (Madrid, Juan de la Cuesta, 1613)

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